Archivo | septiembre, 2011

El Árbol de la Vida, Terrence Malick es único

20 Sep

[Crítica escrita para www.thecinefagos.com y Cines Lys y ABC Park]

Ver El árbol de la vida supone una de las experiencias más especiales que durante los últimos años alguien ha podido vivir en una sala de cine. Nos encontramos ante una película que se aleja absolutamente de todo lo convencional, tanto en lo que cuenta como en la manera de contarlo. Tampoco es esto raro si tenemos en cuenta que su director, Terrence Malick, lleva casi cuarenta años haciendo películas incomparables con la mayoría de estrenos que todos conocemos. La filmografía de Malick es corta, muy corta. Esta es, desde que debutara en 1973, su quinta película. Parece que el rodaje de la siguiente se encuentra en fase final y que incluso ya tiene avanzado el proyecto de la séptima, lo que deja entrever que la vena creativa de Malick pasa por su mejor momento. Y después de ver El árbol de la vida, esto queda comprobado.

Antes que nada, creo que es obligatorio incidir en que hay ciertas características asociadas al director que hacen esta película “especial”. Dudo mucho que alguien que entre a la sala de cine sin conocer la obra de Malick o sin estar avisado acerca de lo que va a ver, disfrute El árbol de la vida como puede hacerlo otra persona. El ansia trascendental de la película no puede ponerse en duda, pero la manera tan poética con la que Malick la muestra no casará demasiado con gran parte del público de una sala, en el que sacará bostezos y risas nerviosas a partes iguales. Por la estructura de la misma, la cinta corre un importante riesgo en la colocación de su segunda parte. Es aquí donde se pone a prueba al espectador, donde se filtra al que ha entrado a ver algo diferente y al que ha entrado al ver la cara de Pitt en el cartel, al que va predispuesto a emocionarse y al que únicamente entraba al cine a pasar el rato. Tal vez aquí esté la mayor diferencia, porque El árbol de la vida puede ser muchas cosas menos algo para pasar el rato. El entretenimiento en el cine de Malick queda siempre en un segundo plano pero, a diferencia de muchos directores que con objetivos parecidos nos entregan soberanos coñazos, Terrence compensa esto con emoción en vena. Se agradece una cinta como esta en medio de la vorágine de estrenos que nos abruman cada semana. El árbol de la vida es una preciosa isla de sentimientos, dejada a la interpretación del que quiera naufragar en ella.

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