Intocable, cómo crear algo humano partiendo del humor

9 Mar

Crítica escrita para www.thecinefagos.com y Cines LYS y ABC Park

Que los franceses nos manden una película que ha arrasado de tal manera en su taquilla es algo ya de por sí significativo. Diez semanas líder absoluta y sexta película francesa que más números hace en su propio país. Vale, sabemos que el público francés es un público increíblemente fiel y comprometido con su cine, pero aquí hay algo más. Por ejemplo, dos personajes y una muy buena historia. A veces parece tan fácil hacer buen cine que se hace difícil entender porque se le dan mil vueltas de tuerca a muchos otros proyectos hasta conseguir hacerlos tan diferentes que terminan sin reflejar nada de lo que somos. Lo que Intocable nos propone, y es lo que los franceses ya vieron en ella, es un historia humana tratada con muy poca sutileza pero con suficiente cercanía como para que el respeto que destile sea todavía mayor. Eso se consigue, básicamente, creando dos personajes carismáticos y usando algo del ingenio que tan perdido parece a veces para crear unas situaciones y unos diálogos que espoleen una sala. Y la sala, como no puede ser de otra manera en Francia, en España o en Italia, termina entrando al trapo. Si el público europeo no es tan diferente en gustos entre sí y las buenas películas terminan arrasando en la mayoría de países, ¿por qué hay tantas diferencias a la hora de hacer cine medio de calidad entre dichos países?

Intocable nos trae la historia de Philippe (François Cluzet), un rico aristócrata francés que en un accidente de parapente quedó tetrapléjico, estando ahora postrado en una silla de ruedas que le hace más grande aun el palacete parisino en el que vive. En la búsqueda de un ayudante para sus cuidados más básicos termina cruzándose con Driss (Omar Sy), un inmigrante en situación algo desesperada pero que, ya desde un principio, nos demuestra que su forma de afrontar la vida dista mucho de lo que realmente esa vida le está deparando. Este es el punto de partida de la historia, que no de la película, pues ésta arranca con una persecución en coche que en su devenir nos va a dejar muy claros los caminos por los que va avanzar la cinta. Y en esos caminos no está escrita la palabra compasión por ningún lado. Sin información previa, tal vez demasiada gente entre a las salas esperando una historia que invite a la emoción y a la lágrima fácil, pero nada más lejos de la realidad. Todo eso aquí está sustituido con humor, y en especial del negro, del divertido. Todo está orientado en ese sentido, con el fin de terminar en carcajada cada secuencia en la que, a priori, deberíamos habernos compadecido de Philippe. Pero tanto él como nosotros estamos hartos de esa compasión y de esa pena impostada, ya la hemos visto tantas veces con resultados más o menos efectivos que terminar ahora riéndonos de ello con una película que en un principio podía ser más cercana a las primeras es algo tremendamente satisfactorio y catártico. La principal virtud de la cinta se encuentra en ese nivel, en el escalón que separa distintos grados de humor y que mal combinados con la historia contada acaban reduciendo el público objetivo de la cinta a grupos mucho más pequeños. Intocable consigue mantener el respeto y el cariño por sus personajes durante toda la película. Es una sensación particular, porque es algo muy cercano a lo que observamos en la vida cuando situaciones como la de Philippe nos tocan de cerca. Solamente la distancia con las personas que sufren dichas desgracias nos hace sentir pena por ellas. A la mínima cercanía con esas personas, conociéndolas y compartiendo conversaciones, todo atisbo de pena desaparece por completo para encontrarnos hablando de tú a tú, sin evadir temas que antes temíamos sacar y, por qué no, usando el humor para convertir algo que nos aleja en algo muy cercano y cotidiano. Si el humor sirve para algo más que para darnos ese placer que es reír, es sin duda para esto. Que Intocable haya sabido captar tan bien ese matiz y lo sepa transmitir de esa manera a todo su público es algo verdaderamente admirable y satisfactorio de encontrar en todo cine que vaya más allá de las formas. Es difícil de explicar, pero alejándose del sentimentalismo y quedando tan cerca del humor más negro la película termina siendo más humana de lo que quizás hubiera sido si lo único que hubiera buscado de primeras hubiera sido eso, ser humana.

Pero pese a todo, es tremendamente difícil redondear una historia así con un guion perfecto y totalmente cerrado. Para conseguir todo lo anterior, Intocable tiene que conceder ciertas licencias que se notan en muchas de las situaciones creadas durante la película. El personaje de Driss no termina de ser, por decirlo de alguna manera, tan real o creíble como sí que lo es el de Philippe. Es lógico que sea así, pues el papel de Omar Sy es el que da todo el juego durante la cinta y para ello ha sido necesario en muchos puntos arquetiparlo demasiado en busca de la situación cómica y subversiva. De haber querido evitar esto, posiblemente nos hubiéramos cargado la mitad de risas de la cinta, perdiendo así gran parte de su espíritu. Es por tanto algo que termina siendo secundario y ya por costumbre perdonable en los guiones de esta época post Billy Wilder.

¿Qué más se puede decir de Intocable tras todo lo dicho ya? Pues sólo un par de cosas, referentes a las interpretaciones. Más allá del puntilloso detalle comentado antes sobre Omar Sy, no es casualidad que Jean Dujardin tenga el Oscar a Mejor Actor Principal del año pero no el César en Francia. Compartiendo esto más o menos, la interpretación de Omar Sy es lo que da vida a la película, lo que la convierte en lo que es y lo que encandila a la mayor parte del público. Y aunque el papel sea un regalo en ese sentido, el resultado obtenido hace que esté bien regalado. Pero, ¿está Omar Sy mejor que François Cluzet en esta cinta? No puedo estar tan de acuerdo. Las limitaciones que la silla de ruedas pone al papel del segundo le hacen volverse tan tremendamente expresivo en miradas y sonrisas que su interpretación es toda una lección de vida. Sin apenas moverse, y con muchísimas menos líneas de diálogo que las de su compañero, Cluzet consigue transmitir a la perfección esos momentos en los que Philippe se asquea de sí mismo o las situaciones que verdaderamente le sacan una sonrisa, le hacen feliz. Ya puede odiar a Driss maldiciéndole que todos sabemos, por esa mirada, que realmente le ha cogido cariño a su ayudante y que lo necesita para seguir sintiéndose vivo. No os olvidéis de François Cluzet cuando salgáis de la película y empecéis a recordar todos los chistes de Omar Sy, por favor.

Intocable tiene todos los factores que se le pueden exigir a una película viendo todas aquellas que nos abruman viernes tras viernes. Limitada pero emotiva, como Philippe, y tal vez descartable de primeras para después terminar amándola como a Driss. No se me ocurre un estreno que durante las próximas semanas pueda recomendar a gente tan diferente.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: